miércoles, 12 de enero de 2011

Comentario sobre la innovación distribuida

La ley de Joy parece que lleva mucho tiempo imperando en la sociedad,  antes incluso de que fuese formulada. Ha sido cuando ese “alguien” para el que la gente trabaja se ha manifestado en forma de corporaciones, de empresas, de marcas y de productos, cuando más evidente se ha presentado, y a su vez, por lo tanto, más reacciones ha causado. (Ya se pueda tener de referencia los poéticos frisos de la AEG berlinesa, las corporaciones cyberpunks, las ideas políticas, los intentos de coartar Internet…)
Bill Joy es ciertamente fatalista, si recordamos además su ensayo “why the future doesn’t need us?, donde expone que la tecnología avanzada (robótica, ingeniería genética, nanotecnología, inteligencia artificial…) puede poner en peligro de extinción a la humanidad. Pero eso no significa que esté desencaminado, que no pueda llevar razón.
Si unimos esta ley con las ideas de Hayek, que critica la intervención del estado con una economía planificada en pro de un orden espontáneo, un libre albedrio social y en la oferta y demanda,  llegamos al hecho de que las personas estamos subordinadas a esos dos entes inmateriales: el “someone” representado por las corporaciones, y la economía planificada representada por el Estado y la Bolsa, entre otras muchas definiciones demonizadas.
Sin embargo, como se ve en los estudios de von Hippel, existe un tercer ente: el usuario, que es además el responsable de la mayoría de innovaciones en todos los campos (recuerda a Tron). El usuario es el ente dominante. Es el que usa la industria, el producto, y el que además lo renueva, lo reconvierte, lo modifica, puesto que es parte de su ocupación, de su vida intrínseca. El usuario además suele necesitar al “someone”, a los fabricantes, ya que ellos son los que encuentran las mejores innovaciones, las reproducen y las sacan al mercado de consumo, al mass media.
Así que la ley de Joy no es del todo acertada. El usuario no trabaja para nadie, aunque luego se pueda vender al fabricante. El usuario crea algo para beneficio propio, por curiosidad, por inventiva, por necesidad… No es alguien especializado, como puede serlo un departamento científico de una universidad, o de una agencia, o un laboratorio. Es alguien amateur, un diletante. El conocimiento pues, también existe fuera de la organización, de los ámbitos clásicos. “La calle encuentra nuevas formas para la tecnología”, como reza el cyberpunk.

Tal es el caso de las Oss, como Linux, que, en contraposición a otros sistemas operativos, es gratuito, esta modificado y puede seguir modificándose por todos los usuarios, aportando cada uno parte de su tiempo y conocimiento. Eso es una red distribuida, una posibilidad de innovación basada en el intercambio de conocimientos, la cooperación en un mismo nivel, sin jefes, presiones, imposiciones ni incentivos más allá de crear algo entre todos. La música, la ropa, el cine y otras ramas están siguiendo este mismo camino. El desarrollo del conocimiento libre, sin vender, sin degenerarlo como si fuera un tráfico de mercancías.

Que todo comenzase como un hobby de Torvalds, por y para hackers, es un claro ejemplo de que las ideas incentivadas, llevadas a cabo por el puro disfrute, pueden llegar a convertirse en proyectos claves para la sociedad.  No hay que desestimarlas ni dejarse llevar por lo existente. Es el Do it yourself,  donde uno empieza, pero jamás sabe cómo va a terminar.  Las claves, reiteradamente expuestas son esas: participación colectiva, disfrute, curiosidad, beneficio colectivo, sentimiento de pertenencia… esa es la respuesta a ¿por qué la gente trabajaría gratis? Realmente no es gratuito, están consiguiendo muchos beneficios, aunque no sean económicos (sino más importantes)
Otros ejemplos de diversas ramas como la moda (Threadless), la ciencia farmacéutica (InnoCentive), los cadáveres exquisitos surrealistas (que sostenían ademas el valor de la creación grupal, anonima, espontánea e intiutivia) los quebrantahuesos ultraístas y las proposiciones de tema (Tanhausser) en el arte,  las novelas a varias manos en la literatura (Se ha escrito un microcrimen, to be continued)... corroboran la factibilidad de este método de innovación distribuida, que puede coexistir con el esquema tradicional (y uno puede plantearse si llegaría a sustituirlo.)
Ventajas añadidas son el hecho de que al ser un sistema en paralelo, existe un amplio registro de perfiles de usuario (cada uno especializado en uno o varios temas, tanto amateur como profesional), por lo que es posible encargarse de los múltiples aspectos, problemas y soluciones del proyecto. Los defectos se van depurando usuario a usuario, como filtros, por lo que al final (final que no existe, está constantemente renovándose, otra ventaja) la eficiencia del producto es considerable.
El bajo coste de participación para los colaboradores, que apenas pueden dedicarle un poco de tiempo de ocio mientras se crea algo en sociedad, disfrutando, es otra más en la lista de ventajas. El amplio abanico y número de personas adscritas lo convierte en un proyecto global, sin promover logros individuales y egos. No es una propiedad intelectual privada, ajena al mundo e inaccesible, sino abierta y modificable.
Podemos aprender muchas cosas sobre este modelo de trabajo, desde la mejora en comunidad de los modelos arquitectónicos, hasta la posibilidad de descargar gratuitamente esos modelos y construirlos, quizá con la ayuda de un fablab inclusive. El arquitecto, cuyo antiguo significado es el de “por encima de los obreros” podría estar cambiando. Ya no se trataría de comandar cuadrillas de peones, sino de colaborar con gente de distintas ramas de conocimiento y experiencia, en igualdad de condiciones y de ideas. Esas cosas dan pánico escribirlas, nunca llueve a gusto de todos…
En cuanto a aplicar todo esto a la arquitectura y a la Free Form Surface, me remito al texto que ya creamos en el blog, “Hablando de Torvalds”

No hay comentarios:

Publicar un comentario